El reloj avanza sin pausa hacia la Copa del Mundo 2026, y con apenas 100 días por delante, la FIFA ha puesto en marcha el Torneo de Repechaje Intercontinental, un evento clave que servirá como ensayo general para el magno evento. Del 26 al 31 de marzo, los estadios Akron en Guadalajara y BBVA en Monterrey se convertirán en el escenario donde seis selecciones nacionales lucharán por los últimos dos boletos disponibles. Los precios de los boletos, que van desde los 200 hasta los 500 pesos, buscan garantizar estadios llenos, una estrategia que refleja el interés por revivir la pasión futbolera en el país.
El formato del torneo promete emociones intensas. En Guadalajara, Jamaica y Nueva Caledonia abrirán el fuego en la Ruta 1, mientras que el ganador se medirá ante la República Democrática del Congo. Por su parte, en Monterrey, Bolivia y Surinam se enfrentarán en el “Gigante de Acero” dentro de la Ruta 2, y el vencedor tendrá como rival a Irak. Estos duelos no solo definirán a los últimos clasificados, sino que también pondrán a prueba la capacidad organizativa de México, uno de los anfitriones del Mundial.
Sin embargo, el entusiasmo por el fútbol se ve ensombrecido por un contexto de tensión que ha sacudido a Jalisco en las últimas semanas. El pasado 22 de febrero, la entidad vivió una jornada de violencia sin precedentes, marcada por narcobloqueos, quema de vehículos y un “Código Rojo” que paralizó la movilidad en la zona metropolitana de Guadalajara. El saldo fue devastador: más de 70 muertos, un número que ha encendido las alarmas sobre la seguridad en la región, especialmente con la mirada internacional puesta en el país.
Aunque las autoridades han intentado tranquilizar a la población y a los visitantes, la sombra de la inseguridad persiste. La presidenta Claudia Sheinbaum y el gobernador de Jalisco, Pablo Lemus, han insistido en que las sedes del torneo no corren riesgo, pero la FIFA mantiene un monitoreo constante sobre la situación. La incertidumbre no solo afecta la percepción de los aficionados locales, sino también la de los turistas extranjeros que podrían asistir al evento, muchos de los cuales podrían cuestionar su seguridad al viajar a una región que, apenas unas semanas atrás, vivió uno de sus episodios más violentos en años.
El Repechaje Intercontinental representa una oportunidad única para que México demuestre su capacidad como sede mundialista, pero también un desafío mayúsculo. La organización deberá equilibrar la logística del evento con la necesidad de garantizar un ambiente seguro, tanto para los equipos participantes como para los espectadores. Mientras tanto, el mundo del fútbol espera con expectación estos partidos, que podrían marcar el inicio de una nueva era para algunas selecciones y, al mismo tiempo, poner a prueba la resiliencia de un país que se prepara para recibir el evento deportivo más importante del planeta.
